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En el taller decimos que este duende tiene acento de lluvia fina y manos de porcelana fría con pequeñas imperfecciones que cuentan aventuras. Viste traje verde y sombrero de copa, irlandés hasta el tuétano, y aunque mida 23 cm camina como si tuviera un desfile entero detrás. Es bonachón, simpático, y saluda con tanto buen rollo que hasta las piedras del camino se ponen derechas.
Cuando nadie le ve, se mete en los bordes del mundo: grietas de acera con hierba, charcos recién nacidos, la esquina donde un gato callejero guarda secretos. Dice que la suerte no se busca, se despista. Y él vive de despistarla con travesuras suaves.
- Esconde tréboles en bolsillos ajenos sin pedir permiso
- Ordena monedas perdidas por “brillo emocional”, no por valor
- Escucha la niebla como si el bosque respirara chistes
Si una mañana te sale todo medio bien sin explicación, seguramente pasó por ahí, silbando bajito y dejando un rastro de calma verde.