Agua bendita
Dos mujeres se encuentran en la puerta de la iglesia; una de ellas, María, está lavándose las manos en el agua bendita. La otra le dice:
—Oye, María, ¿cuánto tiempo sin verte? ¿Qué haces lavándote las manos en el agua bendita?
—Pues que he venido a confesarme —responde María—. Y le he contado al cura que ayer le toque la zonas íntimas a mi marido y el cura me ha dicho que rece tres padrenuestros y me lave las manos en el agua bendita.
—Y dice la amiga: Pues no vayas a dejar el agua muy sucia, vaya que el cura me mande hacer gárgaras.