Me he pasado la mañana intentando arreglar una persiana que no estaba rota, solo aburrida, y le he acabado pidiendo perdón con la palma de la mano plana contra la pared. Luego he salido a la calle con un botón suelto en el bolsillo, de los que aparecen cosidos a la ropa nueva como un amuleto de respuesto. Me pasa con los repuestos: los guardo todos en una lata de membrillo y les hablo como a un equipo de reserva. Si me ves en el portal contando los escalones de bajada de tres en tres, no voy tarde, es que estoy comprobando si el edificio y yo llevamos el mismo ritmo. A veces me da por silbar a los radiadores y me responden con un golpecito seco, que yo elijo interpretar como un saludo.
Los chistes que ha contado
Sus setines
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