¿Por qué dibujamos el corazón “mal”?
Curiosidad¿Te has fijado en que el corazón de los dibujos no se parece al corazón real ni en un día de niebla?
Si miras un dibujo de un corazón y luego miras uno de verdad (el que late dentro de ti), te das cuenta de que se parecen lo mismo que un huevo a una castaña, casi ná.
El corazón orgánico de verdad es más bien un puño con tubos, pero el símbolo rojo que todos pintamos es mucho más estilizado.

Lo curioso es que ese dibujo no nació de unos pintores que estudiaron medicina, sino de ir haciendo garabatos a lo largo de los siglos.
¿De dónde viene la forma del corazón?
Nadie lo sabe con total seguridad, pero por ahí se merodean unas teorías que nos encantan. Una dice que hace miles de años la gente dibujaba hojas de hiedra, esas plantas que se enredan y se abrazan a los árboles del bosque, para representar que dos personas estaban unidas. Otra teoría cuenta que viene de una planta antigua llamada silfio, que tenía unas semillas con esa forma exacta y que se usaba tanto para expresar amor que acabó convirtiéndose en su logo oficial. Con el tiempo, los artistas fueron redondeando las esquinas hasta que quedó el dibujo que hoy conocemos: ❤️.
¿Por qué todo el mundo dibuja el corazón simplificado?
Imagina que quieres decirle a alguien que le quieres usando un dibujo en la arena o en el vaho del cristal de su buga. Si tuvieras que dibujar un corazón real con sus venas y sus ventrículos, tardarías una eternidad. El simbolito del corazón triunfó porque es fácil de repetir: dos curvas, una punta pa'bajo y ¡pum!, mensaje enviado. Es como un lenguaje secreto que todo el mundo entiende en un segundo sin tener que ser un gran pintor.
En los bosques de Taramundi sabemos que lo importante no es que el dibujo sea perfecto, sino que cuando alguien lo reciba diga: “vale, me ha llegado al corazón”. A veces, lo más sencillo es lo que más huella deja.