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En el borde del bosque, cuando la lluvia deja olor a tierra mojada, esta hadita de vellón se acomoda a gusto. Mide unos 12 cm, pero su risa ocupa media tarde. Se sienta en un aro de 20 cm como quien se sube a un columpio viejo y decide escuchar el mundo.
Dicen que viene cuando a alguien se le atraganta un deseo, de esos que no se cuentan ni al espejo. En su manita lleva una llave, pequeñita y seria, para cerrar con cuidado lo que los humanos sueltan sin querer. Su rosa de pétalo encendido no es por fardar, es la tinta con la que firma cada promesa.
- Persigue caracoles para aprender paciencia de verdad
- Saluda a los gatos callejeros porque son filósofos
- Guarda llaves perdidas como si fueran mapas de otras dimensiones
Cuando nadie mira, abre una ventana imaginaria para que entre luz, huele una taza desportillada y decide cuál deseo necesita un empujoncito. No usa alarmas, jamás, y si te quedas quieto puedes oír cómo el aro cruje bajito, como diciendo: venga, atrévete.