Helado con bufanda
ChisteÍbamos por un senderín de Taramundi y vimos a un termómetro apoyado en una piedra, con una bufandita y cara de ofendidísimo.
Le decimos: “¿Pero tú qué haces abrigado si eres el que mide el frío, tronco?” Y nos suelta: “Yo lo mido, sí, pero también lo sufro. Soy sensible de escala”. En esto aparece un helado paseando, tan campante. El termómetro le grita: “¡Tú me bajas los grados aposta!”. Y el helado: “Perdona, colega, yo soy felicidad… lo tuyo es control”. Le decimos al termómetro: “¿Y si hoy no lo mides todo?” Y responde: “Vale… pero no me lo acerques a la lengua, ¿eh?”.
Moraleja magikita: medir es útil, pero obsesionarse es como comerse un helado en enero sin chaqueta. Disfruta, pero con cuidaito.