Mindfulness: pequeños ratos de atención

Te preparas un café, abres un mensaje, contestas otro y, cuando vuelves a la taza, aquello está más frío que el suelo del baño. Entre medias has organizado la compra, discutido mentalmente con alguien y recordado una canción de hace quince años. La cabeza ha hecho una excursión estupenda. Tú sigues en la cocina.

A veces decimos que estamos empanados. Otras veces estamos cansados, preocupados o atendiendo demasiadas cosas. La atención plena puede ser una manera de explorar esos momentos con curiosidad. No hace falta convertir cada sorbo en una ceremonia ni conseguir que el cerebro se calle por decreto.

¿Qué es el mindfulness?

Mindfulness, o atención plena, consiste en prestar atención a lo que está ocurriendo ahora, dentro de ti o a tu alrededor, procurando no juzgarte por lo que notas. Puede practicarse durante una meditación o en una actividad cotidiana. Que aparezcan pensamientos forma parte de la experiencia.

«Sin juzgar» no significa que todo tenga que parecerte bien. Puedes notar que estás enfadado y seguir necesitando poner un límite. Puedes recordar algo o hacer planes. La propuesta es darte cuenta de dónde está tu atención y decidir, cuando puedas, a qué volver.

Empieza por una cosa pequeña

Busca un momento en el que puedas parar sin desatender algo importante. Puedes probar sentado, de pie o en la postura que te resulte cómoda. No tienes que cerrar los ojos.

  1. Elige algo que puedas notar: un sonido, un color, el roce de una manga sobre la piel o la respiración, si te resulta agradable atenderla.
  2. Obsérvalo un rato breve: quizá cambie, quizá siga igual. No hace falta describirlo con palabras bonitas.
  3. Si te distraes, date cuenta y vuelve cuando quieras. También puedes terminar y seguir con tu día.

Eso es una propuesta para empezar, no una prueba con nota. Si mirar hacia dentro te incomoda, puedes fijarte en algo del entorno o dejar el ejercicio. La taza no lleva un inspector de atención escondido debajo.

Un hueco en lo que ya haces

El primer sorbo

Si te apetece, presta atención al sabor o a la temperatura de una bebida cuando esté lista para tomar. Luego sigue desayunando. No necesitas una comida entera en silencio, dejar los cubiertos entre cada bocado ni hacer de la mesa una academia de concentración.

Quizá prefieras atender a la luz de la ventana. También sirve como punto de partida. Elige algo que te resulte accesible y cómodo.

Fregar una taza

Mientras friegas, puedes notar durante un momento el sonido del agua o cómo se mueve la esponja. Sigue pendiente del agua caliente y de la vajilla que tienes entre manos. Si llevas guantes, puedes fijarte en otra sensación.

Y si piensas «qué pereza de fregadero», has notado un pensamiento. No necesitas transformarlo en amor por las sartenes. La atención plena tampoco reparte las tareas domésticas: para eso habrá que hablar con quien toque.

Un paseo o un rato en un banco

En un lugar tranquilo, puedes observar un árbol, escuchar algún sonido o notar el aire. Si caminas, quizá te interese el contacto de los pies con el suelo. Si estás sentado, puedes escoger otro punto de atención. No hay una postura que te conceda más mérito.

En la calle, sigue pendiente del tráfico, los cruces y lo que sucede alrededor. Un ejercicio de atención debe encajar con lo que estás haciendo. Si necesitas toda tu atención para desplazarte, puedes probar en otro momento.

Una conversación

Escucha una frase hasta el final. Si no la has entendido, pregunta o comprueba si has captado lo que la otra persona quería decir. Puedes dejar el móvil a un lado si no lo necesitas para comunicarte o atender algo importante.

No hace falta mantener la mirada fija ni contar un segundo exacto antes de responder. Escuchar bien admite distintas maneras de mirar, moverse y participar. Lo que cuenta aquí es prestar atención a la conversación, no representar el papel de persona serena.

Entre dos tareas

Si tu trabajo lo permite, antes de cambiar de tarea puedes comprobar qué estabas haciendo y qué necesitas hacer después. Aparta las distracciones que puedas controlar, sin cerrar avisos necesarios ni dejar desatendidas tus responsabilidades.

Una pausa no garantiza que rindas más ni arregla una carga de trabajo excesiva. A veces lo que hace falta es descansar, pedir ayuda o revisar cómo se reparte el trabajo. No todo se resuelve respirando junto al teclado.

Un recordatorio que no dé la lata

Magikito con gorro amarillo y peto azul junto a una seta
Está mirando una seta. Ni siquiera parece preocupado por registrarlo en una aplicación.

Puedes elegir una señal sencilla: terminar una tarea, sentarte en tu sitio habitual o ver una nota. Si te sirve, úsala como invitación a prestar atención un momento. Si acaba dándote la lata, cámbiala o quítala.

Un Magikito con Chispa de Calma puede formar parte de ese juego. La Chispa pertenece a su mundo de ficción. La figura solo sería un recordatorio que tú has elegido, igual que un dibujo o una palabra en un papel. No necesitas comprar nada ni poner cinco alarmas a vigilarte el día.

¿Tengo que sentir calma para estar practicando?

No. Puedes darte cuenta de que estás distraído o inquieto y eso no significa que lo hayas hecho mal. Tampoco tienes que seguir si te encuentras peor. El NHS señala que la atención plena no ayuda a todo el mundo y que algunas personas pueden sentirse peor al practicarla.

Si una práctica te aumenta el malestar, déjala. Puedes mirar a tu alrededor, cambiar de actividad o buscar compañía. Si ese malestar persiste o te preocupa, habla con un profesional sanitario. Aguantar más no te hace mejor practicante.

Lo que se puede esperar, sin vender milagros

Se han estudiado programas de meditación y atención plena para problemas como el estrés o la ansiedad, pero los resultados varían y parte de la investigación tiene limitaciones. El NCCIH explica la evidencia y sus límites. También recuerda que estas prácticas no deben sustituir la atención sanitaria ni retrasar una consulta.

Una pausa de unos segundos no equivale a un programa terapéutico. No hay un calendario universal en el que el segundo mes empiezas a mejorar y el tercero ya lo tienes todo resuelto. Tampoco tres respiraciones «reinician» el sistema nervioso como si fueras el rúter del salón.

Fíjate en si esta manera de prestar atención te resulta útil, indiferente o incómoda. Puedes cambiarla o dejarla. Estar preocupado por el futuro, necesitar distraerte o no tener tiempo no significa que estés desperdiciando tu vida.

El café sigue siendo café

Quizá hoy notes el calor de la taza. Quizá te acuerdes de escuchar mejor a alguien. Quizá necesites acabar el desayuno y salir corriendo. No hace falta convertirlo en una competición de quién habita mejor el presente.

En los pequeños rituales cotidianos también jugamos con esa curiosidad por lo que ya está cerca. Puedes quedarte con una idea y probarla cuando te venga bien. El Magikito seguirá con su seta, que de momento no le ha enviado ninguna notificación.

Un segundo: confírmanos que eres una persona