La filosofía es esa palabra que asusta porque nos recuerda que tenemos que estudiarnos un montón de autores y fechas y palabrejos recién salidos de una batidora de ideas.
Pero nosotros, en el mundo de los Magikitos, después de leernos casi toda la biblioteca nos hemos quedado con lo que más nos ha gustado. Y en este artículo te queremos contar nuestra visión del mundo por si te interesa o te sirve de algo. La biblioteca la hemos dejado bastante revuelta, eso también.
¿En qué consiste la filosofía Magikita?
En buscar la alegría cotidiana con curiosidad, humor y un poco de travesura, sin exigirnos estar contentos a todas horas. Lo que sigue es una mezcla nuestra de ideas que nos inspiran. No es una escuela filosófica ni un resumen fiel de todas las tradiciones que nombramos.
Ser un Magikito tiene mucho que ver con cómo te lo montas. Nos gusta vacilarle al caos cotidiano, pero también echar una mano cuando la cosa se tuerce. El buen rollo se nota bastante más en eso que en repetir «todo está genial» con los dientes apretados.
Nihilismo optimista: el universo es grande, tú también cuentas
Comparados con una galaxia, somos un punto diminuto. Pero perder el bus sigue fastidiando, y un problema en el trabajo puede ser importante. La escala del universo no sirve para decirte que lo tuyo es una tontería.
Nosotros nos quedamos con esta idea: si no encontramos un sentido escrito de antemano, podemos ir decidiendo qué nos importa. Una amistad, un proyecto, cuidar de alguien, aprender a hacer una tortilla que no necesite una pala para despegarla.
Disfrutar del momento nos gusta. Cuidar de quien estará con nosotros mañana también. La libertad no nos da permiso para dejarle a otro todos los platos por fregar.
Wabi-sabi y estoicismo, cada uno con su historia
La perfección es una cárcel de cristal y nosotros preferimos vivir en el bosque. El wabi-sabi nos invita a mirar con otros ojos lo imperfecto y lo cambiante. No hace falta que tu casa parezca un decorado para que apetezca entrar en ella.
El estoicismo viene de otra tradición. Al principio de su Manual, Epicteto distingue lo que depende de nosotros de lo que no. Nosotros usamos esa pregunta para buscar por dónde empezar: qué puedo hacer aquí, qué puedo pedir y qué no voy a resolver a cabezazos.
Eso no nos vuelve inmunes al enfado ni obliga a aguantar cualquier trato. A veces toca hablar, poner un límite o pedir ayuda. Y si metemos la pata, preferimos reparar el daño a bautizarlo como «nuestra maravillosa imperfección». El kintsugi nos interesa por ese trabajo de reparar, no como excusa para ir rompiéndolo todo.
Tapichulea dadaísta: hacerle cosquillas a lo solemne
El mundo se toma demasiado en serio a sí mismo, por eso nosotros respondemos con un toque de absurdo. El dadaísmo cuestionó convenciones artísticas y sociales. De esa irreverencia sacamos inspiración para nuestras propias tonterías, sin pretender explicar todo el movimiento con un chiste.
Una reunión sobre la disposición oficial de los calcetines puede terminar con un calcetín presidiéndola. Si hoy estamos sembraos, aprovechamos. Y si una broma no hace gracia, la dejamos descansar. La travesura tiene más encanto cuando nadie acaba siendo el blanco a la fuerza.
Menos corbatas y más risas de duende. Y si te gustan las corbatas, ven con una. Igual le ponemos otra al calcetín.
Zen de barrio: prestar atención a lo que tenemos delante
«Zen de barrio» es nuestro apodo juguetón, no una definición del zen. El zen pertenece al budismo y tiene sus propias enseñanzas y prácticas, como muestra la escuela Sōtō. No se reduce a tomarse un café tranquilamente.
Lo que proponemos aquí es más sencillo: escuchar de verdad a quien nos está hablando, probar la comida antes de engullirla o dejar un momento el móvil mientras miramos cómo llueve. Un rato cada vez. Si la cabeza se nos va a la lista de la compra, no nos ponemos una multa espiritual.
Recordar el pasado y hacer planes también forman parte de la vida. Estar aquí no exige borrar ni lo que pasó ni lo que viene.
Nuestro manifiesto para los días corrientes
- Menos pose. No hace falta fingir que lo tienes todo resuelto.
- Cachondeo con cariño. Preferimos reírnos juntos a dejar a alguien en ridículo.
- Orgullo sin escaqueos. Puedes ser tú mismo y hacerte cargo de lo que haces.
- Un poco de atención. Si vas a fregar un plato, empieza por ese. No necesitas disfrutarlo como si hubieras descubierto un continente.
- Compañía variada. Hay sitio para quien viene de fiesta y para quien hoy solo quiere sentarse un rato.
¿Hay que estar siempre alegre para ser de los nuestros?
No. Aquí puedes llegar cansado, triste, enfadado o sin ganas de contar nada. No tienes que aprobar un examen de buen rollo. A veces la alegría aparece entre dos personas que se escuchan. Otras veces lo que hace falta es compañía, aunque nadie se ría.
Nos gusta la alegría que se comparte, no la que se impone. Si quieres conocer a la pandilla, estamos en la sección de duendes. El calcetín sigue presidiendo la reunión, pero ya le hemos quitado el derecho a dar discursos.