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Este gato convierte las siestas en mapas. Mientras ronronea enroscado en su cesta, sueña azoteas de pizarra, semáforos en ámbar y conversaciones ajenas que se cuelan por ventanas entreabiertas. No es pereza, es trabajo de campo. Por la noche sale a comprobar si la ciudad huele como en sus sueños y vuelve con las patas llenas de historias diminutas.
No le pidas que vigile tu casa. Él prefiere patrullar portales, perseguir el rastro plateado de los caracoles en la acera y saludar a las estatuas del parque, que estiran las piernas de madrugada. Se sabe todos los tejados por donde cruza la luna y conoce a las urracas cotillas, aunque les suelta mentiras tiernas para ver cómo se extienden.
- Ronronea en tres tonos: sueño ligero, aventura urbana y no me despiertes.
- Colecciona tapas de alcantarilla con dibujos que solo él entiende.
- Vuelve antes del amanecer con el bigote oliendo a panadería.
Si un día te cuenta una historia que no viviste, no te asustes. Es su manera de traerte un trocito de ciudad que respira mientras tú duermes.