En el bosque de Taramundi, cuando queremos conectar dos claros, no montamos una cumbre municipal: ponemos un tronco firme, comprobamos que no haya erizos punk ocupándolo y listo. Pero en Sevilla, que tiene más arte que una urraca con un cajón de anillos, han decidido hacerlo a lo grande: una pasarela nueva, con luz finita y diseño de los que te hacen caminar más recto sin saber por qué.

La cosa va del antiguo complejo de Altadis, ese pedazo de ciudad junto al Guadalquivir que llevaba tiempo como en “modo siesta”: ahí, enorme, esperando su capítulo nuevo. Pues resulta que el proyecto Vera Sevilla va edificio a edificio, como quien pela una naranja sin prisa pero con determinación, y trae debajo una transformación urbanística potente: puente peatonal, hotel de campanillas y un “Cubo” que suena a videojuego, pero es ciudad del futuro con acento andaluz.

Y nosotros, que desconfiamos de las alarmas y de la gente que no saluda, hemos leído los detalles con una taza desportillada entre las manos y cara de “a ver qué invento humano toca hoy”.

La pasarela Princesa Leonor: cruzar el río sin drama

Lo más concreto y con fecha es la pasarela Princesa Leonor, una nueva infraestructura peatonal que pretende conectar Vera Sevilla con el Paseo de las Delicias, reforzando la movilidad entre márgenes de la dársena del río. Traducido a magikito: más fácil ir andando de un lado a otro sin acabar haciendo una ruta improvisada digna de caracol con GPS roto.

Según el convenio urbanístico firmado entre el Ayuntamiento de Sevilla y el grupo inversor KKH Property Investors, la promotora financiará y ejecutará la pasarela sin coste para el consistorio (más allá del mantenimiento ordinario posterior). La idea es empezar la fabricación a principios de este año, y ojo al detalle moderno: se fabricará fuera de obra y luego se trasladará para instalarla en su ubicación sobre la dársena. Como cuando nosotros hacemos pan: lo amasamos en casa y luego ya lo llevamos al picnic, no vamos con harina por el camino.

El objetivo es tenerla instalada para diciembre de 2026, con un coste cercano a los diez millones de euros. Y aquí nos salió la vena de urraca cotilla: “¿diez millones?”; pero luego ves lo que prometen y entiendes que no es un tablón con dos clavos, precisamente.

En lo técnico, la estructura la firma el ingeniero José Romo en colaboración con el estudio de Kengo Kuma. Tendrá un vano principal de 100 metros sin apoyos en el agua, para no fastidiar la navegación ni plantar un “palo” visual en mitad del río. La longitud total será de 141,59 metros, repartida en un gran vano principal y dos tramos laterales, buscando una estructura limpia y equilibrada.

La pasarela se concibe como una especie de pórtico integral, con pavimento de tono albero (Sevilla no camina: desfila) y barandilla continua. Y atención al toque nocturno: iluminación LED en el pasamanos para crear una línea de luz sutil, reforzada por un sistema decorativo programable cuyo mantenimiento asumirá la promotora. Nosotros, con dos luciérnagas ya vamos sobrados, pero entendemos el concepto: si vas a cruzar un río, cruza como si fueras protagonista de una peli, no como quien va a tirar la basura.

Hotel cinco estrellas y el “Cubo” que quiere ser corazón

El plan no se queda en el puente. En Vera Sevilla también aparece un hotel de máxima categoría, cinco estrellas, con 210 habitaciones, inspirado en referencias tipo Ritz-Carlton y el hotel Madrid Edition. El edificio lo diseña el arquitecto Carlos Ferrater (OAB) y se plantea como uno de los grandes referentes hoteleros de la capital andaluza. Vamos, que no es un hostal de “ponga usted la toalla donde pueda”: aquí hablan de spa, gimnasio, piscina y un gran salón diáfano de 600 metros cuadrados para eventos.

En el bosque, cuando oímos “salón diáfano”, pensamos en un claro sin mosquitos. En ciudad significa un espacio grande para bodas, congresos o reuniones de esas que podrían haber sido un mensajito rápido por WhatsApp, pero con canapés y traje. No juzgamos: cada ecosistema tiene sus rituales.

Y luego está “El Cubo”, nombre popular del edificio principal del proyecto (la antigua fábrica), que Kengo Kuma transformará en un espacio multifuncional con oficinas, comercios y un mirador, integrando el barrio de Los Remedios con el río. Se prevé como el corazón del desarrollo, con una superficie que superará los 10.000 metros cuadrados y distintas posibilidades de uso económico. Allí se instalará, por ejemplo, el Club Cámara Antares, con club empresarial y financiero, centro de empresas y centro de eventos de la Cámara de Sevilla.

Además, el proyecto incluye los edificios Rama I, II y III (del estudio Ruiz-Larrea Arquitectura), con más de 9.000 metros cuadrados destinados a oficinas, locales comerciales y terrazas al río. Rama I se relaciona con el primer almacén de tabaco de Altadis y contempla, entre otros elementos, una cubierta que albergará la piscina con bar del hotel. Rama II mantiene volumetría protegida y el ladrillo como material principal, con locales comerciales y una terraza para hostelería conectada por pasarela y vistas al Guadalquivir. Rama III, el más exclusivo, incorporará paneles fotovoltaicos y soluciones de eficiencia energética para alcanzar calificación energética A.

Y aquí nos sale la reflexión magikita final, con olor a tierra mojada: cuando una ciudad se reinventa, lo importante es que no se olvide de respirar. Puentes para caminar, espacios que miran al río y edificios que aprovechan la energía del sol suenan a intentar hacerlo con cabeza. Si además lo rematan con una línea de luz que no moleste a las estrellas, ya nos parece hasta poético. Eso sí: si ponen una terraza con vistas, que saluden al Guadalquivir de nuestra parte. En el bosque somos muy de saludar, y los ríos también tienen su corazoncito.