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Esta criatura no va por ahí repartiendo milagritos a lo loco, qué va. Tiene criterio, que ya está bien. Cuando alguien lanza un deseo al aire, ella lo atrapa antes de que se estrelle contra una idea mal pensada, lo mira de reojo y decide si necesita un empujoncito o una colleja cósmica. En una mano lleva su frasco de polvo de estrellas, bien guardado porque sabe que la magia buena no se derrocha. En la cabeza luce un sombrero de liquen que parece medio bosque pensando en secreto.

Le flipan los deseos raros, esos que llegan torcidos pero con verdad dentro. Dice que los humanos pedís cosas muy serias cuando en realidad necesitáis dormir una siesta, comer algo con queso fundido y saludar más a las estatuas del parque.

  • Guarda deseos tímidos en rincones donde huele a tierra mojada
  • Sopla polvo de estrellas cuando nota que alguien está a punto de rendirse
  • Desconfía un poco de los deseos demasiado perfectitos

Cuando nadie la ve, se sienta sobre musgo fresco y agita el frasco despacito para escuchar cómo tintinean las ganas de vivir mejor. No promete imposibles, pero tiene un talento brutal para recordarte cuál era el deseo de verdad.

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