Llega un borracho a una cantina, se acerca a la barra y le dice al cantinero, con la voz típica del borracho: «Sírveme un tequila para mí, uno para ti y otro para la más vieja de tu casa».
El cantinero se le queda viendo y se aguanta las ganas de pegarle, pero le sirve. Al rato, el borracho le repite: «Sírveme otro tequila para mí, uno para ti y otro para la más vieja de tu casa».
Ya la tercera vez que el borracho dice lo mismo, el cantinero ya no aguanta: salta a la barra y le pone una golpiza que lo deja en el suelo.
Al día siguiente, entra el mismo borracho cojeando, lleno de moretones; se arrastra hasta la barra y dice: «Sírveme un tequila para mí y otro para la más vieja de tu casa».
«A ti ya no te sirve nada, compadre, porque cuando tomas te pones bien violento».