Un cura va manejando por la carretera y, de repente, un policía de tránsito lo para. El oficial se baja de su vehículo, se asoma en la ventana, huele a alcohol y ve una botella vacía en el asiento del pasajero.
Entonces le dice: «A ver, padre, ¿qué estuvo tomando?» El cura responde: «Solo agua, oficial, pura agua bendita.»
El policía agarra la botella, la huele y dice: «Pero es que esto huele a puro mezcal del bueno, padrecito.» El cura mira al cielo, junta las manos y grita con fervor: «¡Alabado sea el Señor, otro milagro!»