Dos borrachos están tomando en la barra y uno le dice al otro con un tono muy melancólico: «Compadre, mi esposa me puso en una condición bien difícil; me dijo que dejaba el tequila para siempre o me dejaba».
«¡Ay, compadre, no me digas! ¿Y qué va a hacer?».
El compadre se recarga sobre la barra, levanta su caballito de tequila, suspira y dice: «Compadre, la verdad, la voy a extrañar un chorro».