El Trasgu (y otras criaturas del norte de España)

En Asturias, si se te caen las cosas de la mesa, no es que seas torpe. Es el Trasgu. Y punto.

No es broma. En el norte de España hay una tradición de criaturas mágicas tan rica, tan antigua y tan profundamente arraigada que no necesita libros de fantasía para existir. Existe en las historias que las abuelas cuentan a sus nietos. En los nombres de las fuentes, los ríos y las cuevas. En la forma en que la gente habla del bosque cuando cae la niebla.

Hoy te contamos quiénes son las criaturas del norte. Las de verdad. Las que llevan aquí desde mucho antes que nosotros.

¿Qué es el Trasgu y por qué es el rey de la casa?

Empezamos por el jefe. El Trasgu es el duende doméstico asturiano por excelencia. El más querido, el más famoso y, probablemente, el más travieso de todos los seres del folklore ibérico.

Su aspecto es inconfundible: pequeñito (no llega al metro), pelirrojo, con un gorro rojo puntiagudo y cojo de la pierna izquierda. Siempre sonriente, siempre listo para liar alguna.

El Trasgu vive en las casas. Se instala sin preguntar (como un inquilino de esos que no pagan pero que acabas queriendo) y desde ahí organiza su particular reinado de travesuras domésticas:

  • Esconde llaves, mandos y calcetines (sobre todo calcetines)
  • Rompe platos y vasos "sin querer" (siempre "sin querer")
  • Hace ruidos por la noche que te despiertan justo cuando te estabas quedando dormido
  • Mueve los muebles ligeramente, lo justo para que te des en el dedo meñique del pie
  • Desordena lo que acabas de ordenar

Pero ojo, que el Trasgu también tiene su lado bueno. Cuando le caes bien (y sobre todo cuando le dejas un poco de leche junto al fuego), limpia la cocina de madrugada, cuida del ganado y vigila que nadie entre en la casa por la noche. Es un buen tío. Un poco pesado, pero un buen tío.

El detalle de la cojera es clave. Según la tradición, el Trasgu es cojo y por eso no puede hacer ciertas tareas que requieren equilibrio. Si quieres librarte de él (cosa que no recomendamos), pídele que llene un cesto con agujeros de agua del río o que recoja granos de mijo esparcidos por el suelo. Su cojera y su impaciencia le impiden completar la tarea y, frustrado, se marcha.

Aunque luego vuelve. Siempre vuelve.

Si ya has leído sobre la tradición de duendes domésticos en Europa, verás que el Trasgu es primo hermano de los Brownies escoceses y los Kobolds alemanes. Misma función, mismo pacto, misma manía de esconder cosas. El folklore europeo tiene más cosas en común de lo que pensamos.

La Xana: el hada del agua

Si el Trasgu es el rey de la casa, la Xana es la reina de las aguas. Y es, con diferencia, la criatura más hermosa del folklore asturiano.

La Xana (se pronuncia "shana") es un espíritu femenino que habita en fuentes, ríos, cascadas y cuevas con agua. Es increíblemente bella, con el pelo largo y dorado, y tiene una voz que hipnotiza a quien la escucha. Hasta aquí, podría ser la descripción de cualquier ninfa griega o sirena nórdica. Pero la Xana tiene particularidades muy asturianas.

La Xana peina su pelo dorado con un peine de oro y plata junto al agua. Quien encuentre ese peine tendrá fortuna, pero solo si la Xana se lo da voluntariamente. Robárselo es buscarse problemas gordos.

Las Xanas también guardan tesoros bajo el agua. Oro, joyas, objetos mágicos. Pero acceder a ellos requiere pasar pruebas de valor y bondad. La Xana solo comparte sus riquezas con quien lo merece. No hay atajos.

Lo más bonito de la tradición de las Xanas es que cada fuente de Asturias tiene la suya. No es una leyenda genérica. Cada pueblo, cada río, cada manantial tiene historias concretas sobre su Xana particular. Con nombre propio, con anécdotas, con detalles que llevan siglos pasándose de generación en generación.

En la noche de San Juan, dicen que las Xanas salen del agua a bailar y a peinarse bajo la luz de la luna. Quien las vea esa noche quedará hechizado para siempre. Suena a leyenda romántica, pero en Asturias la noche de San Juan se celebra con hogueras junto a los ríos. Las tradiciones no son casualidad.

El Nuberu: el señor de las tormentas

Si hay algo que en Asturias saben bien es de lluvia. Y de tormentas. Y de cielos que se ponen negros en cinco minutos. Para todo eso, hay un responsable: el Nuberu.

El Nuberu (también llamado Nubero o Reñubeiru) es el espíritu de las nubes y las tormentas. Vive en las nubes, viaja montado en ellas y es él quien decide cuándo llueve, cuándo graniza y cuándo un rayo cae sobre el roble más viejo del pueblo.

Su aspecto varía según la versión. A veces es un gigante barbudo vestido con pieles. A veces es un hombre normal con un sombrero enorme. A veces ni se le ve, solo se le escucha en el trueno. Pero su personalidad es constante: caprichoso, impredecible y con muy mal genio.

Las tormentas de verano, esas que llegan sin avisar y destrozan cosechas, eran cosa del Nuberu. Los campesinos asturianos tenían rituales para aplacarle: tocar las campanas de la iglesia durante las tormentas (el sonido de las campanas espantaba al Nuberu), quemar ramas de laurel o poner una escoba al revés en la puerta de casa.

Hay una versión de la leyenda en la que el Nuberu es un asturiano que se fue a estudiar magia a Salamanca (la universidad tenía fama de enseñar artes ocultas) y volvió con poderes sobre el clima. Otra versión dice que nació de una tormenta y a una tormenta volverá cuando el mundo acabe. Un personaje complejo, vamos.

El Busgosu: el protector del bosque

Si te adentras en los bosques profundos de Asturias, esos donde los castaños son tan viejos que parecen tener cara, puedes encontrarte con el Busgosu.

El Busgosu es mitad hombre, mitad cabra. Tiene cuernos, patas de cabra, el torso humano y un pelaje espeso que le cubre casi todo el cuerpo. Vive en lo más profundo del bosque y su trabajo es protegerlo.

A diferencia de otros seres del folklore que interactúan con los humanos, el Busgosu prefiere evitarlos. No es agresivo, pero tampoco es simpático. Si entras en su bosque con respeto, te dejará pasar. Si entras a talar árboles sin necesidad, a hacer fuego donde no debes o a cazar más de lo justo, te encontrarás con problemas. Caminos que desaparecen, niebla repentina, ruidos que te desorientan. El Busgosu no ataca. Simplemente te pierde hasta que decides irte.

Es el guardián silencioso. El que cuida el bosque cuando nadie mira. Un poco como los Magikitos, que cuidan tu hogar desde su estantería sin hacer ruido. La diferencia es que el Busgosu mide dos metros y tiene cuernos. Pero el fondo es el mismo: proteger lo que importa. Es la Chispa de Hogar en estado puro.

La Guestia: la procesión de las almas

Y ahora viene lo que da un poquito de respeto. Porque no todo en el folklore asturiano es travieso y simpático. También hay cosas que te ponen los pelos de punta.

La Guestia (o Santa Compaña en Galicia) es una procesión de almas en pena que recorre los caminos rurales de noche. Van en fila, llevando velas encendidas, rezando en voz baja y avanzando lentamente por los senderos del campo.

La tradición dice que si te encuentras con la Guestia tienes que seguir unas normas muy estrictas:

  • No la mires directamente. Aparta la vista y déjala pasar.
  • No aceptes nada que te ofrezcan. Si un miembro de la procesión te ofrece una vela, no la cojas o te unirás a ellos.
  • Dibuja un círculo en el suelo y métete dentro. Dentro del círculo estás protegido.
  • Acuéstate boca abajo. Así la procesión pasará por encima sin verte.

La Guestia es la versión ibérica de la "Cacería Salvaje" que aparece en el folklore de toda Europa (la Wild Hunt germánica, la Mesnie Hellequin francesa). Todas comparten la idea de una procesión espectral nocturna que recorre los caminos. Y todas tienen una moraleja implícita: por la noche, en el campo, mejor estar en casa.

A diferencia del Trasgu o la Xana, la Guestia no es simpática. No se negocia con ella, no se le deja leche, no tiene un lado bueno. Es un recordatorio de que el mundo mágico no es solo duendes traviesos y hadas guapas. También tiene su lado oscuro. Y ese respeto por lo desconocido es parte del folklore.

Los Cuélebres: dragones asturianos

Sí, en Asturias también hay dragones. Bueno, serpientes gigantes aladas. Que es básicamente lo mismo pero con acento asturiano.

Los Cuélebres son enormes serpientes con alas de murciélago que custodian tesoros y cuevas. Viven en las montañas más inaccesibles, duermen durante años y, cuando despiertan, tienen un hambre que no se calma fácilmente.

La leyenda más famosa de Cuélebres es la de la cueva de Covadonga. Según la tradición, antes de que la Virgen se apareciera allí, la cueva estaba custodiada por un Cuélebre. Los primeros cristianos que llegaron tuvieron que enfrentarse a la serpiente antes de poder establecer su santuario.

Los Cuélebres representan la naturaleza indómita, el poder salvaje de las montañas asturianas. Son lo opuesto al Trasgu doméstico. Si el Trasgu es el duende de la casa, el Cuélebre es el monstruo de la montaña. Y ambos son necesarios en el ecosistema del folklore.

El Sumiciu: el que te pierde

Este es uno de los menos conocidos pero más flipantes. El Sumiciu es un espíritu del bosque cuya única función es desorientarte.

¿Alguna vez has caminado por un sendero que conocías perfectamente y de repente no sabías dónde estabas? ¿Has girado en una dirección que estabas seguro de que era la correcta y has acabado en el lado opuesto? En Asturias, eso tiene una explicación: el Sumiciu.

El Sumiciu no te hace daño. No te persigue, no te ataca, no te amenaza. Simplemente te confunde. Te mueve los puntos de referencia. Te hace ver senderos donde no los hay y te oculta los que sí existen. Cuando el Sumiciu actúa, el bosque que conocías se convierte en un laberinto.

Para librarte del Sumiciu, la tradición dice que hay que ponerse la ropa del revés. Suena ridículo, pero tiene una lógica mágica: al invertir tu ropa, inviertes su hechizo. El bosque vuelve a la normalidad y el camino reaparece.

Genial, ¿verdad? El norte de España es así. Tiene solución para todo, aunque a veces la solución sea quitarte la camiseta y ponértela al revés.

Taramundi: donde todo se junta

Y en medio de todo este universo de criaturas, hay un lugar donde la tradición se siente con especial intensidad. Taramundi.

Taramundi no es cualquier pueblo de Asturias. Es un lugar donde la cuchillería artesanal tiene siglos de historia, donde los bosques de castaños son tan antiguos que parecen tener memoria y donde la niebla se comporta como si tuviera voluntad propia. En nuestra sección de Taramundi puedes conocer más sobre este rincón tan especial.

Carmen eligió Taramundi como el hogar espiritual de los Magikitos por una razón. Es un lugar donde la tradición artesanal (las navajas, los cuchillos, el trabajo con las manos) se mezcla con la tradición mágica (el Trasgu, la niebla, los bosques). Donde hacer cosas con las manos y creer en la magia del entorno no son cosas separadas, sino la misma.

Cuando coges un Magikito en tus manos, estás cogiendo un trozo de todo esto. Del Trasgu y su sonrisa. De la Xana y su misterio. Del bosque y sus secretos. De Taramundi y su historia.

¿Por qué estas criaturas del norte de España importan hoy?

Vivimos en un mundo que ha decidido que las criaturas mágicas son "cosas de niños". Que el folklore es un entretenimiento antiguo que ya no sirve. Que la única realidad válida es la que puedes medir con un aparato.

Pues mira. Las abuelas asturianas que contaban historias del Trasgu no estaban perdiendo el tiempo. Estaban enseñando. Enseñaban a respetar la casa (si no tratas bien al Trasgu, te la lía). A respetar la naturaleza (si molestas al Busgosu, te pierdes). A respetar los ciclos (la Xana sale en San Juan, no cuando tú quieras). A respetar la muerte (no mires a la Guestia, no toques lo que no es tuyo).

Todo el folklore del norte de España es, en el fondo, un manual de convivencia con el mundo. Con la casa, con el bosque, con el agua, con la noche. Un manual contado en forma de historias porque así se recuerda mejor.

Los Magikitos son parte de esa tradición. No la sustituyen, no la imitan, no la comercializan. La continúan. Con respeto, con cariño y con esa sonrisa traviesa que te dice que la magia no se ha ido a ningún sitio.

Solo tienes que mirar un poco más de cerca. Y si quieres saber cómo esas criaturas llegaron al resto de Europa, el artículo sobre la historia real de los duendes domésticos te va a flipar.

Tu cesta: 0,00 €