El duende de Clash Royale (nuestro primo del barril)

Si has llegado aquí buscando al duende de Clash Royale, antes de nada, bienvenido al bosque. Y antes de seguir, una confesión cariñosa: ese pequeño tarambana de píxeles al que vas a invocar otra vez esta tarde con tres de elixir, no es un dibujo cualquiera. Es de la familia. Sí. Nuestro. Bueno, primo lejano, lejanísimo, de esa rama que un buen día se subió a un barril y no volvió a bajarse.

Os lo contamos como se cuentan estas cosas: con cariño, con sorna y con la verdad por delante.

Compartimos sangre, más vieja que el barril

Esto no es marketing ni pose. El bichillo que en el juego se llama "Duende" sale del mismo cocido folclórico que nosotros los Magikitos: el goblin medieval europeo, esa criatura pequeña, traviesa y vegetal que vivía entre raíces y desordenaba las cocinas honradas de media Europa antes de que existiera el wifi. La palabra "duende" tiene su propia historia chulísima en castellano, y si te fijas, la encuentras en cada idioma con un nombre distinto: Kobold, Lutin, Folletto, Brownie. Es el mismo ser con veinte nombres, el mismo manojo de astucia minúscula que lleva milenios cruzando las fronteras del cuento.

Es decir: cuando arrastras la carta del Duende a tu campo, no estás invocando un dibujito sin pasado. Estás invocando una idea que ya rondaba las hogueras del siglo XII. Eso, friki del juego, es bastante respetable.

La familia, carta a carta

Ahora tocaría conocer a la tropa. Porque tú ya sabes que el goblin del juego no es UN goblin, son una saga entera y cada uno con su personalidad bien marcada:

  • Duende clásico (2 de elixir): el OG. Pequeño, rapidísimo, melee, hace daño chiquito pero no para. Es ese primo que llega tarde a las comidas familiares y se zampa el último flan sin pedir permiso.
  • Lanzaduendes: el primo paciente, el que se queda detrás del muro tirando flechitas y dice "yo ya os ayudo desde aquí, dale tú". Cumple. Vaya que cumple.
  • Barril de Duendes: aquí ponedme respeto. Esta carta es la que más amistades se ha cargado en grupos de clan y la que más lágrimas y carcajadas ha producido en la historia del juego. Tres parientes nuestros saliendo de un tonel sobre la torre rival, sin avisar, sin protocolo. Pura tradición Magikita aplicada al desorden.
  • Gigoblin: el primo grandullón, el que se metió al gimnasio sin abandonar el alma duende. Sigue siendo de la familia pese a las dimensiones.
  • Banda de Duendes: la reunión familiar de los domingos hecha carta. Cinco a la vez, tres de cuerpo a cuerpo y dos lanzando. Si esto no es un cumpleaños duende, no sabemos qué lo es.
  • Rey Goblin: nuestro pariente coronado. La mascota del Estadio 1 del juego entero. Un rey duende. En términos folclóricos esto es un guiño bastante guapo a las viejas historias de cortes diminutas escondidas bajo las setas.
  • Los nuevos (Brawler, Demoledor, Máquina, Mega, Maldición, Taladro): la generación recién llegada. Algunos nos hacen sonreír, otros nos hacen mirar para otro lado, pero todos llevan el apellido. Bienvenidos al árbol.

Por dónde se nos separó esta rama

Aquí va lo bonito. La pregunta interesante no es "¿son duendes de verdad?" (lo son, ya lo hemos dejado claro), sino por qué resultaron tan distintos a los del taller de Carmen. La respuesta es histórica.

El duende del folclore europeo siempre tuvo dos caminos abiertos. Uno, el del caos puro: el gremlin, el trasgo, el poltergeist, el que rompe la jarra de leche y se ríe en la oscuridad. Otro, el del taller cálido: el brownie escocés, el lutin doméstico francés, el kobold alemán del hogar, el que barre la cocina por las noches a cambio de un cuenco de gachas. Las dos ramas son legítimas, ojo. Las dos son duende auténtico.

Pues bien, Supercell, sin proponérselo, agarró bien fuerte la rama caos. La amplificó, le puso barril, le puso elixir, le puso una corona, la metió en arenas multicolor y la convirtió en parte de la cultura digital de cientos de millones de personas. Le hicieron un homenaje fenomenal a esa parte salvaje del folclore. Chapeau.

Nosotros, los Magikitos, agarramos la otra rama. La del fuego encendido, la del fieltro, la del taller en Taramundi donde Carmen cose con paciencia mientras escucha el bosque. La rama de los que limpian, los que acompañan, los que protegen la casa. Misma sangre, otro ritmo de respiración.

Dos primos duendes encontrándose en un claro del bosque, uno sentado tranquilo con su tazón, el otro llegando con un barril bajo el brazo
Misma familia, dos formas de pasar la tarde. Y aun así nos seguimos saludando.

Buenos o malos, la gran pregunta de la peña del juego

Esto se lo preguntan los novatos en cada foro, en cada hilo de Reddit, en cada chat de clan: ¿el duende del Clash es bueno o malo? Y los veteranos siempre sonríen, porque saben la respuesta: el duende del juego es como casi toda criatura mágica de verdad. Ni una cosa ni la otra. Es travieso. Es astuto. Vive en zona gris. A ti te encanta cuando lo controlas, te exaspera cuando lo lleva el rival. Eso, querido friki, es la prueba definitiva de que es un duende auténtico.

Un duende moralmente plano sería un bicho de cuento aburrido. La criatura folclórica de verdad vive donde la luz no llega del todo. Por eso el Barril cabreaba tanto y por eso seguíamos cargándolo en el mazo. Pura coherencia milenaria.

¿Es el duende del Clash Royale un duende de verdad?

Sí, completamente. La criatura que dibujaron los artistas de Supercell se basa en el folclore goblin europeo de toda la vida: pequeño, verde-marrón, orejas puntiagudas, listillo, ladrón de cosillas brillantes. No es invento ni IP nueva, es la versión digital y juguetona de un personaje que lleva milenios paseándose por los cuentos europeos. La nariz larga, los dientes torcidos, la sonrisa de quien acaba de hacer algo y todavía no sabes el qué. Todo eso es duende canónico desde la Edad Media.

¿Existen reyes duendes en el folclore real?

Existen un montón. Las cortes en miniatura escondidas bajo las setas son uno de los motivos más recurrentes del folclore celta, escandinavo, alemán e ibérico. Reyes diminutos, asambleas en el bosque, coronas tejidas con musgo. El Rey Goblin del Estadio 1 es, casi sin querer, un homenaje precioso a esos cuentos viejos. Cuando lo veas en pantalla, dale un saludo de nuestra parte.

Si te caen bien los del caos, vente a saludar a los del taller

Esto es lo que queríamos contaros, frikis del Clash. Llevamos siglos siendo la misma familia, vosotros os llevasteis al primo del barril a vuestras pantallas y a nosotros nos toca cuidar el otro lado del árbol: el del fuego, el del fieltro, el de los regalos hechos a mano que duran décadas. Si os pica la curiosidad por esa rama tranquila del bosque, las puertas están abiertas. Aquí viven los Magikitos, sin barril pero con harto cariño.

Mismo bosque, ramas distintas. Los del barril hacen ruido, los del taller hacen casa. Las dos formas son duende auténtico.

Y a tu primo del barril, cuando lo veas esta tarde en la arena, recuérdale que la tía Carmen lo espera con un cuenco de gachas calientes. Que ya es hora de visitar.

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