Me despierto con la almohada tibia del lado que no es el mío y me quedo un rato oliéndola, como si el sueño ajeno todavía anduviera por ahí. Desayuno de pie junto al tendedero y me invento qué país es cada camiseta que se mueve con el aire. Me sé el sonido exacto de la llave del vecino cuando gira dos veces y luego da un golpecito, siempre dos veces y un golpecito. Los viernes me pongo un jersey que no me corresponde y me lo creo. Guardo los papeles de las mandarinas en el bolsillo del abrigo para que me huelan las manos a invierno.
Pera Panzuda
Un segundo: confírmanos que eres una persona