Hay 1 esperando un hogar
Cada pieza es única. Cuando una encuentra hogar, desaparece para siempre.
Cada pieza es única. Cuando una encuentra hogar, desaparece para siempre.
En nuestras expediciones por los rincones olvidados de Taramundi siempre acabamos volviendo con lo mismo entre las manos: tarros de cristal. Algunos guardaban mermelada hace cien años, otros tornillos, otros solo polvo y silencio. Nosotros los rescatamos, los limpiamos con mimo y les regalamos un segundo destino mucho más bonito.
Dentro de cada tarro recortamos a mano una silueta diminuta: un bosque, una luna, un gato que vigila la noche. Cuando enciendes la lamparita, esa silueta se proyecta en la pared y la habitación entera se convierte en un cuentecito. Es la luz perfecta para leer bajito, para dormir a un peque o para que la casa respire calma cuando cae el sol.
Cada lámpara de tarro es única, porque cada tarro tiene su historia y cada silueta la recortamos de una en una. No hay dos iguales y nunca las habrá. Por eso, cuando una encuentra hogar, desaparece del estante para siempre.