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Vuela bajito entre helechos y ramitas, como si conociera de memoria cada rincón donde la niebla se queda pensando. Tiene alas plateadas de filigrana, finas y brillantes como telarañas con luna, y un tamaño justo pa colarse entre campanillas azules sin despeinarlas. Le mola aparecer en primavera, cuando el bosque huele a tierra mojada y los brotes nuevos todavía no saben que van a ser gigantes.
Con los niños tiene una paciencia de pan bien amasado. Nunca regaña si llegan con barro en las rodillas o preguntas rarísimas sobre monstruos debajo de la cama. Ella ya sabe que muchas sombras solo necesitan una luciérnaga cerca y alguien que salude con buen rollo.
- Desenreda sustos pequeños antes de dormir
- Esconde luz suave en hojas y musgo
- Sigue el sonido de las risas como si fueran campanas
Dicen que, cuando nadie la ve, se sienta sobre una piedra templada y escucha crecer las flores. Si una criatura se pierde, la encuentra por el brillo del corazón antes que por las huellas.