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Anda por el bosque cuando el aire ya huele a tierra mojada, castañas imaginarias y siesta con manta. Le pirran los tonos calabaza y ese morado de ciruela madura que tienen las tardes cuando el sol decide ponerse teatral. Está hecha de lana natural con esa verdad rugosita que solo tienen las cosas tocadas a mano con calma y un puntito de hechizo.

No habla mucho, pero cuando lo hace suelta sentencias que te dejan pensando y riéndote a la vez. Dice que las hojas secas no caen, aterrizan con dignidad. También sostiene que el otoño es la estación más lista del año porque sabe brillar sin necesidad de hacer ruido.

  • Se queda quietecita escuchando lluvia sobre ramas y setas
  • Le gusta perseguir rastros de caracol por puro cotilleo plateado
  • Guarda colores raros del bosque en los pliegues de su falda

Cuando aparece cerca, la casa se pone más templada y el día baja dos revoluciones. No monta escándalo, no va de reina del musgo. Hace algo mejor. Te recuerda que la belleza también sabe crujir bajito.

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