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En el taller la conocemos por su sonrisa de “sé un secreto y no te lo voy a decir todavía”. Es un hada soñadora, hecha con ese tacto de lana que da ganas de apretarla contra la mejilla, y luce colores alegres como flores recién abiertas después de la lluvia. Mide 24 cm, sí, pero sus piernas largas y elegantes tienen actitud de pasarela de musgo.
Siempre lleva una barrita mágica muy pequeña, casi una miguita de varita, y la usa para cosas raras: ordenar nubes con personalidad, despertar macetas perezosas y colar inspiración en los bolsillos de quien va con prisa. Le mola sentarse donde hay flores, al borde de las macetas, y quedarse quieta como si escuchara el silencio antes del amanecer.
- Saluda a las urracas cotillas con historias inventadas
- Huele el café arábica recién molido y se le ilumina la cara
- Pisa musgo descalza para “afinar” los sueños
Cuando nadie la ve, practica sueños bonitos en miniatura, como quien dobla servilletas, y los deja caer en el aire para que te encuentren sin hacer ruido.