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Hay criaturas que entran haciendo ruido y luego está esta, que aparece con la delicadeza exacta con la que cae una pluma sobre musgo húmedo. Tiene alas de plumón suave, de esas que parecen hechas con una siesta buena y un bostezo elegante, y un faldón verde musgo que da ganas de descalzarse y pisar bosque hasta que el alma deje de crujir. No corre, no empuja, no dramatiza. Básicamente mira el barullo, ladea la cabeza y le quita importancia con una calma que desarma.
Le flipan las ventanas abiertas por la mañana, el sonido de la lluvia en madera vieja y las tazas un poco desportilladas donde el té sabe más a verdad. Dicen que cuando nota a alguien con la cabeza hecha nudo, se sienta cerca y se pone a ordenar el aire sin que nadie la vea.
- Guarda silencios buenos en los pliegues del faldón
- Peina pensamientos revueltos con las puntitas de las alas
- Tiene una relación sospechosamente cordial con la niebla
No viene a cambiarte la vida a lo grande. Viene a hacer algo más fino, que es dejarla en su sitio para que tú puedas respirar de nuevo y seguir campante.