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Este magikito es joven y de corazón rebelde, un defensor nato de cualquier criatura con pelo, plumas o caparazón. Creció entre nidos de pájaros y madrigueras de conejos, así que conoce cada secreto del bosque. No soporta las pulgas ni los gritos, y siempre lleva un silbidito mágico que llama a perros perdidos y calma a gatos asustados.
Su ritual favorito es chulapoonear con su caracol confidente sobre una hoja de parra mientras pinta plumas caídas con zumo de moras para devolverles el color. Cree que los bigotes de los gatos son antenas que captan las tristezas del mundo, y que los ladridos traducen chistes que los humanos nunca entenderán. Le flipa tumbarse panza arriba con las mariquitas y escuchar lo que las nubes deciden cada mañana.
- Su caracol de la suerte, entrenado para detectar pulgas aburridas
- Plumas de arcoíris con las que susurra consuelo a las mascotas asustadas
- Un frasquito de polvo de estorninos que cura rasguños de espinas
- La manía de pedir permiso a las arañas antes de cruzar sus telas
Ningún animalito pasa hambre o frío si él merodea cerca. Su filosofía es simple: un mundo donde ronronean los gatos y los caracoles pasean sin prisa es un mundo que baila en equilibrio.